lunes, 11 de junio de 2007

Obatala


OBATALA DIVINIDAD CREADORA

Obatalá Orichanlá es el oricha más importante del panteón yoruba, ya que juega un papel muy decisivo en la creación. Obatalá es uno de las pocas divinidades conocidas en toda la región yoruba y aún fuera de sus límitsa que no sucede con el culto de otros orichas. El nombre Obatalá es una contracción de la frase Oba-ti-o-nla (el rey que es grande). Otra interpretación etimológica del nombre Obatalá deriva esta palabra en la frase Oba-a-ti-ala (el rey que se viste de blanco). El nombre Orichanlá está formado de dos palabras: la primera es oricha (dios) y la segunda nla (grande). Este dios, es, sin duda, muy antiguo. Todos los mitos y tradiciones orales lo señalan como hijo de Olodumare. Aunque algunas informaciones dicen que Obatalá nació en Igbo y reinó en lranje, lo que pudiera interpretarse como uno de los muchos casos en la religión Yoruba en que un personaje histórico es deificado, esas mismas tradiciones explican que Obatalá es un dios de los cielos. Según ellas, Obatalá vino a la tierra por encargo de la Deidad. Ningún mito, ninguna información relacionan a este oricha con un personaje histórico; como sucede con el dios del trueno Changó.Según el mito:Olodumare creó al mundo, que en sus orígenes no era más que un gran pantano lleno de marismas y de animales salvajes. Los orichas solían bajar al mundo por medio de grandes telas de araña. Venían a estos pantanos con el propósito de cazar y de entretenerse explorandoestas áreas desconocidas. Estonces se le ocurrió a Olodumare la idea de crear la tierra sólida. El Ser Supremo, llamó a Obatalá y le entregó un puñado de tierra seca contenida en el carapacho de una babosa. También le entregó un pollo de cinco dedos y una paloma.Obatalá bajó al mundo en busca del lugar apropiado para echar puñado de tierra seca. El lugar escogido se llamó Ifé. Una vez que hubo derramado la tierra, soltó al pollo y a la paloma quienes inmediatamente empezaron a regar la tierra en todas las direcciones hasta que gran parte del pantano quedó cubierto.La creación de la tierra tomó cuatro días. El quinto fue dedicado a adorar al Ser Supremo y a descansar. Como Olodumare quedó muy satisfecho con la labor de Obatalá, lo mandó de nuevo a la tierra para que la poblara y embelleciera. Esta vez Obatalá iba acompañado por Orúnmila, el dios de la sabiduría y de los oraculos. Los dos orichas trajeron varios árboles, entre ellos la palma. También trajeron a un grupo de seres humanos creados por Olodumare para poblar la tierra Al frente de estos primeros pobladores iba un hombre llamado Ore-luere.A Obatalá, como a la Deidad, se le da el título de Eleda ( el hacedor) en reconocimiento de su rol como creador de la tierra sólida. Más tarde, Olodumare le asignó una función de mayor importancia y trascendencia: Obatalá sería, desde entonces y por todo el futuro, el creador de las formas físicas del ser humano. Olodumare se reservó el poder de darles vida, pero Obatalá se convirtió en la divinidad escultora de la forma humana, que debía moldear en barro. Por eso él es Alamo Rere (el que trabaja con el mejor barro y moldea los cuerpos humanos). Esa es la razón por la que cualquier imperfección física que tenga una persona al nacer es considerada como debida a un castigo o descuido de Obatalá. Por ello, las personas que tienen defectos físicos deben dedicarse al culto de este dios, sobre todo los albinos, a quienes se les llama Eni oricha (los votarios del oricha). Las mujeres en estado frecuentemente le hacen ofrenda a Obatalá y cuando la mujer acaba de hacer su ofrenda el sacerdote le dice: Ki oricha ya na re ko ni o (que Orichanlá nos haga una buena obra de arte). Obatalá es el dios de la paz y el orden y el protector de las puertas de la ciudad en cuyas entradas se coloca su imagen como caballero con lanza, atendido por una serpiente, una tortuga, un pez y un leopardo.Obatalá es el oricha de la seguridad, lo llaman Adimula (al que se le tiene por seguro). El es llamado Obata Arugbo (el antiguo rey padre) refiriéndose a su carácter de rey y padre de todos los orichas. También se le llama Ibikeji Edumare (el Diputado de Olodumare). Frecuentemente los dioses acuden a él para que interceda en su favor ante Olodumare. El título Alabalese (el Proponente que lleva el cetro) pertenece a Olodumare pero frecuentemente se le da a Obatalá, pues de acuerdo con un mito, cuando bajó a la tierra Olodumare le entregó Odu (la suprema autoridad) para que sus mandatos fueran obedecidos por todos, incluso por los dioses.

Los Yoruba se representan a este dios como a un viejo respetable, bondadoso y autoritario siempre vestido y adornado de blanco. En Ilé Ifé se conservan muchas imágenes de Obatalá; en muchas de ellas aparece acompañado de su esposa Yemowo. En esa ciudad, Obatalá, personifica al cielo y Yemowo, al agua, formando la pareja creadora. En otras partes de Yoruba, Obatalá, el cielo, es el esposo de Oduduwa, la diosa de la tierra.En diferentes partes de Yoruba se le conoce con nombres distintos, aunque su culto y atributos en todas partes son muy similares. En la ciudad de Ifón lo llaman Olufón. En Owú le dicen Oricha-rowu. En Oba lo adoran bajo el nombre de Oricha Oloba. En Ijay le dicen Oricha Ijaye. En Ketou le dicen Ayágguna, en Ejigbo lo llaman Ochagiyan. En Ilé Ifé, la ciudad sagrada de los Yoruba, se le adora con tres nombres distintos según el barrio de la ciudad donde se le venere. Así se le conoce con nombres de Oricha Ideta, Oricha Akire y Oricha Ijugbe. La importancia de este dios es tal, que el Oni, príncipe sacerdote de Ilé Ifé y jefe espiritual de todos los Yoruba debe presentarse a Obatalá el día de su coronación para recibir del rey de los dioses el cetro de autoridad que lo convierte en gobernante divino.Los templos de Obatalá están pintados de blanco, blancas son las cuentas de su collar y sus emblemas están guardados en recipientes de este color que simboliza la pureza. Todos sus sacerdotes y sacerdotisas han de ir siempre vestidos y adornados de blanco. Sus sacerdotes y seguidores sólo pueden comer comida blanca cocinada con mantequilla de Chea y nunca pueden ser cocinados con el aceite rojo de la palma.El agua de sus templos ha de cambiarse todos los días. Una mujer virgen o una anciana de buena reputación, son las encargadas de ir a buscar el agua de mañana bien temprano a un manantial. Han de coger esta agua purísima antes que persona alguna haya maculado con su presencia la pureza del manantial. Con frecuencia y haciendo referencia a este aspecto de su culto se dice de sus seguidores : «Su vida debe ser tan clara como el agua que se recoge del manantial temprano en la mañana».A este dios se le debe ofrecer la varied ablanca y amarga del coquito de Kola, la roja no se le puede ofrecer ni la pueden comer sus seguidores. El vino de palma es tabú para él y para sus fieles, pues según el mito, Obatalá se vio envuelto en graves dificultades por beberlo.Obatalá, como se puede apreciar, es el oricha más importavnte del panteón Yoruba. Como a la Deidad no hay que rendirle culto, toda la actividad religiosa se vierte en los orichas y principalmente en Obatalá, el Vice-Regente de Olodumare. El papel tan importante que desempeñó en la creación de la tierra y de los hombres, los atributos excelsos que posee, su relación íntima con la Deidad, parecen indicar que hubo un proceso de desplazamiento de la Deidad por su hijo Obatalá.


Por Mansa Cholan

"Ikú Lobbí Osha"


“Ikú Lobbí Osha" ("El Muerto Parió al Santo"):


Esto quiere decir que cuando el primer santo se hizo en la tierra, los poseedores del secreto del Osun habían muerto ya, y fue necesario que transmitieran su ciencia a través de un médium (o media unidad). El eggun de un mayor africano pasó a través de un espiritista para enseñar cómo era que se hacía la ceremonia de asiento o coronación. A partir de entonces, los eggun reciben atención no sólo en las ceremonias, sino todos los días de la vida de un religioso”..

domingo, 10 de junio de 2007

Ori

Ori es el Oricha mas grande de nuestra religion. Ori es el dios personal de cada ser humano. Ori es el yo propio, el centro la cabeza interior que simboliza la libertad del espiritu encarcelado. Cuando vamos a nacer, nos presentamos en frente de Olodumare con nuestro Ori y escogemos quien va ser nuestro angel de la guarda y en ese momento entran los iré que dicen, "Yo tambien los acompaño, yo soy iré omo, iré oguó, iré achó" etc. Pero como tampoco todo puede ser bueno, llegan los osogbos y dicen "si los ireses van nosotros tambien vamos". Ya con nuestro angel de la guarda escogido, nuestros ireses y osogbos, escogemos quienes va a ser nuestros padres, en que païs y a que raza vamos a pertenecer. El destino de un hombre depende de que clase de Ori haya elegido en el cielo.
Ori es el símbolo de la predestinacion. Es la suerte buena y mala del ser humano, es la dharma y el karma. Cada Ori es distinto y siferente, y es reconocido como el dios personal y el mas interesado en que se cumpla lo pactado con Olodumare. Muchas veces el mismo hombre hace cambios y Ori los accepta como cambiar los osogbos por ireses. Ori recibe sacrificios regularmente donde el angel de la guarda es su interprete. Ori es el emblema de adoracion personal de cada ser humano.

El sacrificio en nuestra religion

Según cuenta la tradición, hallada en la memoria de un Babalawo yoruba, en una ocasión el rey de Benín fue a consultarse con sus adivinos y estos le dijeron que debía ofrecer algún sacrificio a los orisa y/o a los ancestros pues, de lo contrario, su hija, Poroye, "perdería su camino". En aquel momento el rey se negó rotundamente a llevar a cabo el sacrificio porque pensó que era imposible que su hija pudiera perderse. En ese tiempo la madre de Orunmila era dueña de una antílope, llamada Siere, quien era la que se encargaba de hacerle las marcas faciales a los hijos de Orunmila, es decir, a los iniciados que conocían el secreto ancestral de la adivinación. A causa del exceso de trabajo, Siere se hartó y decidió escapar hacia el boque. Inmediatamente, al darse cuenta de lo sucedido, Orunmila se dio a la tarea de atraparla, lo que le tomaría dieciséis días. Siere corrió por la sabana huyendo y Orunmila la persiguió. Sierre corrió hasta adentrarse en el bosque de Alabe, hasta que cayó en un pozo y Orunmila, al tratar de atraparla, cayó también siéndoles imposible salir de allí. Después de siete días de estar atrapados, Orunmila escuchó la voz de una mujer que iba cantando. Esa mujer era Poroye, quien andaba perdida en el espeso bosque hacía algunos días. Al pasar cerca del pozo, Poroye se dio cuenta de que allí estaban Orunmila y Siere sin poder salir. Orunmila le rogó a Poroye que lo sacara del pozo y que a cambio él le daría lo que ella deseara. La joven aceptó el trato y los sacó del pozo. Una vez afuera, Orunmila agradeció profundamente el gesto de Poroye y le dijo que le pidiera lo que ella quisiera. Ella, siguiendo su más genuino deseo, le dijo a Orunmila que quería tener un hijo. Él accedió a tener relaciones sexuales con Poroye. Sin embargo, Orunmila le advirtió a la joven que, debido a que sus tres esposas no debían enterarse de lo sucedido, ella no podría vivir con él. Finalmente ella estuvo de acuerdo y con el tiempo nació una niña que fue llamada Olomo. Pasaron algunos años y un día Orunmila le pidió a sus sirvientes que le trajeran una esclava ya que él debía llevar a cabo un sacrificio en honor al ancestro que lo protegía. Sus sirvientes obedecieron su orden y le trajeron la esclava que Orunmila necesitaba. Esa esclava era la misma Olomo. Debido a que Orunmila nunca la había visto, evidentemente no la reconoció, y le dijo que su sacrificio se llevaría a cabo en tres días y, mientras tanto, ella debía realizar algunas labores para que el rito venidero resultara exitoso. Mientras Olomo realizaba dichas labores comenzó a entonar una canción cuya letra decía: "Yo soy hija de Poroye, si hubiera tenido padre ellos no me hubieran atrapado para sacrificarme." En ese momento, las tres esposas de Orunmila, a saber, Odu, Osu y Osun, le avisaron a éste que la esclava estaba cantando estribillos extraños. Orunmila llegó de inmediato y, al escuchar el estribillo, le preguntó a la esclava que cómo sabía la historia de Poroye, la cual era tema de su canción. Olomo le contó que su madre, llamada Poroye, ayudó a salir un hombre que estaba atrapado en un pozo y éste en recompensa había tenido relaciones sexuales con ella con el fin de brindarle un hijo que no era sino ella misma. Orunmila comprendió que a quien él iba a sacrificar era a su propia hija. En ese momento las tres esposas de Orunmila le reclamaron por todo lo acontecido. Él justificó ante éstas la relación que había tenido con Poroye diciéndoles que aquella mujer le había salvado la vida y, en recompensa, el accedió a su petición de brindarle un hijo. Finalmente Olomo fue liberada y su sacrificio fue sustituido, por órdenes de Orunmila, por el de una cabra. Desde entonces el sacrificio humano ya no tendría lugar jamás. A partir de ese momento, sería el sacrificio de animales lo que caracterizaría todos los ritos sacrificiales hasta nuestros días. Indudablemente de este patakí -narración mitológica concerniente a los orisa y ancestros que tiene como propósito principal marcar un precedente moral, ético y ritual- podrían extraerse una cantidad considerable de aspectos histórico-culturales, los cuales, analizados en su contexto, son fundamentales para la comprensión del pensamiento religioso yoruba y, por consiguiente, santero. Sin embargo, ante su evidente polisemia, nos vemos obligados a resaltar dos aspectos que resultan ser necesarios para esta exposición, a saber, el hecho de que el sacrificio de Olomo fue sustituido por el de una cabra, siendo esto la marca de una transición ritual en la cual el animal se convertiría en el nuevo eje de los ritos sacrificiales. Por otro lado, el hecho que este sacrificio estuviese destinado al ancestro protector de Orunmila, lo cual introduce una legitimación yoruba de los rituales santeros que refieren al sacrificio de animales. Pero, ¿por qué interesa traer a colación este tema? Interesa inmensamente porque en repetidas ocasiones me he topado con ciertas opiniones expresadas tanto por no-iniciados (aleyos) como por iniciados en la Santería, en las que el sacrificio de animales se legitima con base en otras prácticas religiosas, a saber, las halladas en el Viejo Testamento. El Cristianismo (católico), que fue traído a América hace más de 500 años e impuesto a la brava como religión oficial, goza, desde aquel entonces, de una posición privilegiada, a decir de la propia iglesia, la cual lo coloca como el gran modelo religioso universal. Sin embargo, antes de tratar de descalabrar esa arrogancia terrible, muchos santeros(as) y babalawos creen que si la Santería, desde su posición proscrita por la misma iglesia, logra justificar sus rituales con base en rituales similares encontrados en pasajes de la Biblia, entonces estos rituales santeros encontrarán una legitimidad innegable porque, como dijo un santero que escuché una vez: "si hasta ellos lo hacen debe ser algo normal, ¿no?" No empecé a la innumerable cantidad de acusaciones que a la Santería le han hecho tildándola de satanismo etc., el sacrificio de animales en dicha religión posee justificaciones propias que indudablemente nada tienen que ver con estas acusaciones sino con la tradición religiosa de la cual es heredera, a saber, la yoruba. Con el propósito de establecer la diferencia existente entre el sentido de sacrificio hallado en el Viejo Testamento y en las prácticas santeras, debemos echar un vistazo rápido al libro de Levítico, ya que éste ha sido utilizado en ciertas ocasiones por iniciados en la Santería para justificar los ritos sacrificiales de esta religión. En el libro de Levítico, específicamente desde el versículo 1 hasta el 7, se nos relata la historia de cómo un día Yavé llamó a Moisés y le ordenó que le sirviera de mensajero ante los hijos de Israel instruyéndoles detalladamente el método para llevar a cabo los sacrificios propiciatorios en su nombre. De igual forma, Yavé le dijo a Moisés que estos sacrificios, siempre y cuando se hicieran según las disposiciones prescritas, serían bien recibidos por él y, a cambio, los pecados de la persona que ofreciese dicho sacrificio serían perdonados. Evidentemente, y a diferencia de la tradición yoruba, en este pasaje del Viejo Testamento el sacrificio y el modo en que éste debe llevarse a cabo, ambos, están dados por Dios a los hombres a través de la revelación a Moisés y, en segundo lugar, el propósito principal del sacrificio, según se presenta en dicho pasaje del libro de Levítico, es lograr el perdón de los pecados. Sin embargo, contrario a esto, el sacrificio de animales en la Santería está determinado, en primera instancia, por el rito de la adivinación, lo cual evidencia la existencia de una característica fundamental entre muchas religiones endógenas de África, a saber, la ausencia de una revalación divina y, por el contrario, la persistencia de conocimientos ancestrales que han sido transmitidos a los hombres y mujeres desde los primeros tiempos, aquellos, según los yoruba, en los que la humanidad y los orisa convivían en este planeta. En este sentido, jamás algún animal se sacrifica caprichosamente. Cada sacrificio responde a la solicitud, a través de los métodos de adivinación, de algún orisa o ancestro que requiere de uno o varios animales para poder resolver la situación que la persona consultada quiera solucionar. Generalmente los orisa y ancestros solicitan que les sea ofrecido uno o varios animales (especificando el tipo y el género) en el caso de que la vida o el bienestar de la persona consultada estén en juego. En este sentido, el sacrificio no es un instrumento mediante el cual se pretenda redimir pecado alguno ya que en la Santería no existe tal concepto. En la Santería ni el hombre ni la mujer son concebidos como depositarios a priori de cierta(s) culpa(s). El sacrificio, según la cosmovisión santera, es la vía mediante la cual puede ser restaurado un proceso que haya sido interrumpido. Cuando escribo proceso me refiero a un ritmo. Cada quien nace con un ritmo específico, un ritmo espiritual en la vida, que no debe ser interrumpido ya que si es asi, entonces la persona no podrá realizarse plenamente. Sin embargo, cuando este ritmo ha sido trastocado, por las razones que hayan sido, entonces se requiere del sacrificio de un animal para restaurarlo. La sangre del animal, ofrecida a algún orisa y/o ancestro, es capaz de restaurar dicho ritmo porque ella está ligada directamente a un ritmo en el cuerpo del animal. Se cree que el ritmo sanguíneo del animal es el que restablecerá el ritmo perdido de la persona. Entonces, el sacrificio es un ofrecimiento específico de energías, que al ser aceptadas por algún orisa y/o ancestro, éstos las devolverán del modo específico en que la persona las necesite. Retomando lo escrito arriba, la sangre del animal por sí sola no sería capaz de restablecer el ritmo perdido de la persona. Dicha sangre tiene que, por obligación, ser recibida por algun orisa y/o ancestro para que pueda surtir los efectos deseados. Es como decirle al orisa y/o ancestro: "le ofrezco el ritmo sanguíneo de este animal para que sepa que quiero que usted me restablezca el ritmo que yo he perdido". Por otro lado, mediante el sacrificio de animales se busca limpiar a la persona en cuestión de todo tipo de calamidades o máculas espirituales. Un ejemplo claro de esto es el llamado cambio de vida, rito mediante el cual la enfermedad de una persona se tranfiere al cuerpo de un animal y éste es sacrificado. El animal o los animales que se utilicen en este ritual sacrificial, el del cambio de vida, cumple con una función muy clara y esta es la de fungir como víctima de recambio. Es decir, se mata al animal para no que no muera la persona enferma, por ejemplo. Pero, no siempre se sacrifican los animales que funjan como víctimas de recambio. En ocasiones los orisa y/o ancestros, a través de la adivinación, requieren que la persona se limpie con cierto animal y una vez terminada la limpieza, la persona debe dejar libre al animal sin necesidad de inmolarlo. De igual forma, en ocasiones piden que la persona tenga cierto animal específico como su mascota en su casa. Dicho animal se convertirá en el guardiero de la persona y a su vez, se cree que en dicho animal habitará parte de la fuerza de vida (asé) de cierto orisa. Este animal al ser dedicado a cierto orisa se caracteriza por traer un collarín hecho ya sea con cuentas o con cintas de los colores emblemáticos del orisa concerniente. Si por ignorancia ritual algún iniciado vende, maltrata o sacrifica un animal guardiero, se cree que el orisa concerniente lo castigará trayéndole desfavorabilidad a su vida (8). Luego de haber expuesto, a grandes rasgos, las razones que dotan de sentido al sacrificio de animales en la Santería, podemos concluir afirmando que este ritual posee justificaciones propias que distan de las encontradas en el Viejo Testamento, específicamente en el libro de Levítico. A no ser por el hecho de que lo que se sacrifica en el ritual funge como víctima de recambio, aspecto que encontramos también en el pasaje del libro de Levítico, no hay otra similitud que hayamos podido observar. De igual forma, resulta estéril justificar prácticas religiosas con base en otras que ya no tienen vigencia en el ritual cristiano (católico), y más aún, que son condenadas por la iglesia misma. Aunque la Santería posee prácticas tomadas del Cristianismo, las cuales fueron incorporadas, en principio, por razones de resistencia esclava durante la época colonial española en América, no por ello se debe concluir que cualquier tradición cristiana necesariamente justifica y le brinda legitimidad a las prácticas santeras. Finalmente, la posibilidad del ejercicio comparativo entre religiones no debe ser anulado pero debe llevarse a cabo con base en criterios de paridad y no de subordinación.

Cosmologia Yoruba


Un antiguo mito, que revela cómo se transponen al tiempo mítico las determinaciones del tiempo histórico, supone que de Ifé, ciudad sagrada, se dispersaron los nietos de Oduduwá -fundador legendario- y que sus nombres dieron a su vez nombre y origen a la primera generación de estados yoruba: Owu, Ketu, Benín, Illa, Sabe, Popo y Oyó.
La cosmogonía yoruba se basa en la idea de una entidad superior, integrada por tres divinidades, Olofi, Olodumare y Olorun. La primera de ellas creó el mundo, que inicialmente sólo estaba poblado por orishas o santos. Posteriormente repartió su poder ("ashé") entre los santos ("orishas"), que en adelante son los encargados de intervenir en los asuntos humanos y de abogar por los hombres ante Olofi gracias a la mediación del juez supremo o mensajero principal, Obatalá.
Como en la mayoría de las lenguas del África Negra, "el poder" se expresa entre los yoruba mediante una palabra -ashé-que significa "la fuerza", no en el sentido de violencia sino en el de energía vital que engendra una polivalencia de fuerzas y determina desde la integridad física y moral hasta la suerte.
En todas las creaciones culturales del conjunto de sus pueblos está contenida la cosmovisión yoruba. Propia de sociedades donde toda acción es realizada, interpretada y vivida como parte de un todo ontológico orgánico -y no precisamente religioso-, esta cosmología encierra la idea de que el orden de las fuerzas cósmicas puede ser perturbado por acciones inmorales cuyo efecto es desequilibrante y perjudicial para la humanidad, para la naturaleza y para sus autores.La unidad entre naturaleza y ética constituye en estas culturas una determinación cósmica y consiguientemente un principio para el ejercicio del poder, una condición de su aplicación benéfica. Los cuentos tradicionales de la cultura yoruba entrañan generalmente el castigo para los gobernantes despóticos y para los irreverentes con las fuerzas de la naturaleza.